Manejo agronómico del cultivo de arándano

El arándano tiene raíces finas y superficiales, sin pelos radiculares abundantes, lo que lo hace muy dependiente de un suministro constante y bien distribuido de agua. Por eso el riego por goteo es el sistema más usado en huertos comerciales, ya que permite aplicar volúmenes precisos cerca de la zona radicular sin saturar el suelo ni desperdiciar agua. La frecuencia de riego varía según la etapa del cultivo, el tipo de sustrato y las condiciones climáticas, pero como regla general se busca mantener una humedad constante, evitando tanto el estrés hídrico como el encharcamiento, que favorece enfermedades de raíz. Durante la floración y el llenado de fruto, las necesidades de agua aumentan de forma notable, mientras que en el reposo invernal se reducen considerablemente.

La nutrición del arándano presenta particularidades que lo distinguen de otros frutales. Esta planta requiere suelos ácidos, con un pH idealmente entre 4.5 y 5.5, porque su sistema de absorción de nutrientes funciona mejor en ese rango. Cuando el pH sube por encima de estos valores, el arándano tiene dificultades para absorber hierro y otros micronutrientes, lo que provoca clorosis en las hojas y reduce el vigor de la planta. Por esta razón, muchos productores recurren a sustratos como la turba o la fibra de coco, que ayudan a mantener la acidez necesaria, especialmente en sistemas de producción en contenedor.

En cuanto a los macronutrientes, el nitrógeno debe aplicarse con cuidado, preferentemente en forma amoniacal en lugar de nítrica, ya que el arándano absorbe mejor esta forma dado su metabolismo particular de asimilación de nitrógeno. El fósforo y el potasio también son esenciales, el primero para el desarrollo radicular y el segundo para la calidad del fruto, incluyendo firmeza y contenido de azúcares. Los programas de fertilización suelen dividirse en varias aplicaciones a lo largo del ciclo, ajustando las proporciones según la etapa fenológica, desde la brotación hasta la cosecha. Muchos productores emplean fertirriego, es decir, la aplicación de fertilizantes disueltos directamente en el agua de riego, lo que permite una entrega más eficiente y controlada de nutrientes.

Las actividades culturales complementan el manejo de agua y nutrientes, y entre ellas la poda ocupa un lugar central. La poda del arándano tiene como objetivo renovar la estructura de la planta, eliminar madera vieja poco productiva y estimular la emisión de nuevos brotes que darán fruto en temporadas futuras. Existen distintos tipos de poda según la edad de la planta y el objetivo buscado, desde la poda de formación en plantas jóvenes hasta la poda de renovación en huertos ya establecidos. Un manejo inadecuado de esta labor puede reducir significativamente el rendimiento o retrasar la entrada en producción.

El manejo del suelo, o del sustrato en sistemas sin suelo, también requiere atención constante. El acolchado con materiales orgánicos como corteza de pino ayuda a conservar humedad, moderar la temperatura de la zona radicular y aportar materia orgánica que beneficia la estructura del sustrato. En regiones con suelos naturalmente alcalinos, es común incorporar azufre elemental u otros correctores para bajar el pH antes de establecer la plantación, ya que corregir esta condición después resulta mucho más difícil y costoso.

El monitoreo constante es indispensable para ajustar cualquiera de estas prácticas a tiempo. Los productores más avanzados combinan análisis foliares y de sustrato con sensores de humedad, lo que permite tomar decisiones basadas en datos reales en lugar de calendarios fijos. Esta tendencia hacia un manejo más preciso se conecta directamente con el avance de las herramientas de monitoreo y automatización que están transformando la producción de este berry, las cuales facilitan ajustar riego y nutrición casi en tiempo real.

Finalmente, ningún programa de manejo agronómico está completo sin considerar el estado sanitario de la planta, ya que un arándano bien nutrido pero afectado por plagas o enfermedades difícilmente alcanzará su potencial productivo. Las prácticas de riego y fertilización influyen directamente en la susceptibilidad de la planta a ciertos problemas, por lo que resulta fundamental conocer también los principales problemas fitosanitarios que pueden afectar a este cultivo para integrar un manejo verdaderamente completo. La combinación de agua, nutrientes y labores culturales bien ejecutadas, junto con vigilancia sanitaria constante, es lo que finalmente determina el éxito productivo de un huerto de arándano a lo largo de los años.


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