El arándano exige mucho capital antes de demostrar si el modelo comercial funciona. Por eso, evaluarlo solo con la fórmula “rendimiento por precio menos costo” conduce a conclusiones incompletas. La pregunta correcta es cuánto capital debe inmovilizarse, qué proporción de la fruta se vende con margen y qué tan sensible es el negocio a cambios en precio, rendimiento o cosecha.
La rentabilidad empieza con una barrera de entrada elevada
Una referencia de Agrocostos para arándano en Sinaloa, elaborada para 2025, estimó un costo directo de establecimiento de 1.89 millones de pesos por hectárea. Al incorporar intereses, el costo total del primer año superó 2.11 millones. La siembra concentró aproximadamente la mitad del costo directo y, dentro de ella, la planta representó 660,960 pesos, además de sustrato, bolsas e instalación.
Ese dato cambia la lógica financiera. El primer ciclo no debe juzgarse como un año normal de operación. Con un rendimiento probable de 7 toneladas por hectárea y un precio de 110 pesos por kilogramo, el ingreso estimado fue de 770,000 pesos, muy por debajo del costo total. La pérdida inicial no demuestra que el cultivo sea inviable; demuestra que el productor debe financiar la etapa de establecimiento hasta alcanzar productividad suficiente.
Un proyecto técnicamente bueno puede fracasar por falta de capital. El arándano necesita recursos para sostener fertilización, riego, sanidad, mano de obra, cosecha y empaque mientras madura la inversión. Entrar subcapitalizado obliga a recortar precisamente en los rubros que después determinan rendimiento y calidad.
El punto crítico no es producir kilos, sino producir kilos vendibles
A partir del segundo año, la estructura mejora, pero el margen sigue siendo exigente. En la referencia de Sinaloa, el costo directo anual bajó a alrededor de 1.01 millones de pesos por hectárea. Con financiamiento, el costo total considerado fue de 1.09 millones. A un rendimiento de 13 toneladas y un precio de 110 pesos por kilogramo, el ingreso probable alcanzó 1.43 millones y la utilidad estimada fue de 338,515 pesos.
Eso equivale a un margen cercano a 24% sobre ventas, atractivo pero no extraordinario para el capital y el riesgo involucrados. El punto de equilibrio se ubicó en 9.92 toneladas por hectárea. Una caída de rendimiento de alrededor de una cuarta parte respecto del escenario esperado prácticamente elimina la utilidad.
El precio tiene un efecto todavía más rápido. Manteniendo 13 toneladas y el mismo costo total, vender a 100 pesos por kilogramo reduciría la utilidad a unos 209,000 pesos. A 90 pesos, quedaría cerca de 79,000. Alrededor de 84 pesos por kilogramo, el margen prácticamente desaparecería. No son precios pronosticados, sino una sensibilidad que muestra cuánto cambia el resultado por una diferencia comercial pequeña.
Además, cosecha, selección y empaque representaron casi 40% del costo operativo del segundo año en esa referencia. La rentabilidad depende, entonces, del porcentaje de fruta que realmente cumple especificaciones comerciales. Fruta blanda, mala firmeza, calibres poco demandados o cosecha fuera de la ventana adecuada pueden mantener los kilos y destruir el margen.
La ventaja competitiva está en el modelo comercial
El arándano no debería establecerse primero para buscar comprador después. La inversión tendría que comenzar por el canal comercial, la ventana de cosecha, las especificaciones de calidad, la variedad, la disponibilidad de mano de obra y la logística. FIRA incluso recomienda, para su referencia de Sinaloa, privilegiar empresas con contrato de comercialización y acompañamiento técnico.
Esto importa porque el precio recibido por el productor no es uniforme. Los registros de 2025 muestran diferencias regionales muy amplias en el precio medio pagado. Hablar de “el precio del arándano” como una sola cifra puede ser engañoso. La variedad, la época, la calidad, el destino y la relación comercial pueden pesar tanto como la productividad agronómica.
Por ello, la rentabilidad debe evaluarse con un flujo multianual y al menos tres escenarios. En cada uno conviene modificar rendimiento comercializable, precio neto, porcentaje de rechazo, costo de cosecha, costo financiero y reposición de plantas. Si el proyecto solo funciona bajo el mejor escenario, no es una inversión robusta.
¿Es rentable producir arándano en México? Sí puede serlo, pero no por el simple hecho de sembrar un cultivo de alto valor. Es rentable cuando existe capital suficiente para absorber el establecimiento, productividad por encima del punto de equilibrio, una alta proporción de fruta comercializable y una estrategia de venta capaz de defender precio. Sin esas condiciones, el arándano puede convertirse en una de las hectáreas más caras de producir y de las más difíciles de recuperar.

