La producción mexicana de arándano se organiza alrededor de una lógica que combina geografía, calendario comercial y variedades. Jalisco, Michoacán y Sinaloa concentran la gran mayoría del volumen nacional, aunque el peso relativo de cada estado ha cambiado en pocos años. En 2024, Jalisco representaba 35% de la producción nacional, Sinaloa 33% y Michoacán 15%. Para 2025, la estructura se movió con claridad, Jalisco concentró 44,000 toneladas (52% del total), Michoacán aportó 16,506 toneladas (19%) y Sinaloa quedó en 9,200 toneladas (11%). Este reordenamiento confirma que la geografía productiva del arándano no es estática, sino que responde a disponibilidad de agua, elección varietal y capacidad empresarial para capturar las mejores semanas de mercado.
El calendario de cosecha es determinante para entender la disponibilidad comercial del fruto. En México, el arándano se cosecha durante gran parte del año, con los mayores volúmenes concentrados en diciembre, abril y junio, mientras que entre agosto y octubre el volumen disminuye de forma considerable. Este patrón no es casual, responde a una estrategia deliberada de la industria para posicionar su oferta en ventanas donde los precios internacionales son más favorables. La ventana de primavera, que abarca febrero, marzo y abril, se ha vuelto especialmente relevante porque permite entregar fruta cuando la oferta de Perú ya bajó su ritmo y antes de que la producción doméstica estadounidense alcance su punto máximo. Un asesor especializado en berries lo describe con precisión al señalar que las ventanas comerciales se están estrechando, ya que Perú entra muy temprano, mientras México mantiene una ventana clara en febrero, marzo y abril. Como respuesta, los productores han ajustado sus prácticas de poda para desplazar la producción hacia ese periodo, buscando un pico de cosecha que inicie a mediados de febrero.
Del lado de las ventas, Estados Unidos domina de forma abrumadora el destino del arándano mexicano. Las estimaciones más recientes indican que más de 80% del volumen de arándano se exporta a mercados internacionales, con Estados Unidos como destino principal. Esta dependencia se explica por la cercanía logística, la ausencia de aranceles para el producto mexicano y décadas de relaciones comerciales consolidadas entre productores y compradores estadounidenses. Sin embargo, el mercado interno mexicano también merece atención, ya que en 2024 el consumo anual por persona en el país llegó a 146 gramos, una cifra todavía baja frente al potencial del segmento de alimentos saludables.
La producción nacional atraviesa un momento de expansión moderada acompañado de cambios estructurales profundos. Las proyecciones para 2026 apuntan a una producción de 85,000 toneladas, un aumento de 16% frente a 2025, impulsado en parte porque el sector ha modificado su estrategia productiva para evitar competir directamente con la oferta de Perú, desplazando su ventana productiva hacia la primavera. Al mismo tiempo, los productores están reemplazando variedades tradicionales como Biloxi por genéticas de mayor rendimiento, entre ellas Sekoya Pop, AzraBlue y Madeira, que ofrecen frutos más grandes y mayor firmeza. Este recambio varietal no es un capricho técnico, es una respuesta directa a la presión competitiva de países como Perú y Chile, que ofrecen fruta de calidad comparable a precios más bajos.
Los sistemas de cultivo también influyen en cómo se distribuye la disponibilidad comercial a lo largo del año. En México, la mayor parte de la producción de arándano se realiza en macro túnel, mientras que una porción menor se cultiva a cielo abierto y una fracción todavía más pequeña bajo malla sombra. Curiosamente, aunque el macro túnel domina en volumen, el valor de producción a cielo abierto resulta mayor, lo que sugiere diferencias relevantes en calidad, calibre o momento de venta entre ambos sistemas.
Para cualquier empresa que evalúe entrar o expandirse en este cultivo, entender esta dinámica de producción y venta resulta inseparable de conocer los costos y gastos que implica producir arándano de forma comercial, ya que la rentabilidad depende tanto de acertar en la ventana de cosecha como de controlar la estructura de gastos operativos. De igual manera, la combinación de presiones competitivas, cambios varietales y reordenamiento geográfico abre espacios concretos que conviene revisar mediante un análisis de dónde están las oportunidades de negocio que estas transformaciones del mercado están generando.
En síntesis, la disponibilidad comercial del arándano mexicano ya no depende únicamente de cuánto se produce, sino de cuándo se produce, con qué variedad y hacia qué mercado se dirige. La técnica agronómica y la estrategia comercial se volvieron inseparables, y las empresas que logran sincronizar ambos elementos son las que capturan mayor valor en un cultivo cada vez más competitivo.
