Aspectos económicos del cultivo de arándano

Producir arándano exige una inversión considerable desde el primer año, y entender su estructura de costos resulta clave para cualquier persona que evalúe entrar a este negocio. A diferencia de cultivos tradicionales, el arándano requiere una etapa de establecimiento intensiva en capital antes de generar cualquier ingreso, seguida de gastos anuales de mantenimiento que se sostienen durante toda la vida productiva de la plantación, la cual puede extenderse por más de una década.

El primer gran componente del costo es la tierra. En algunas zonas productoras de México, como Jalisco, rentar una hectárea con acceso a sistema de riego puede costar alrededor de 32,000 pesos al año, mientras que comprarla puede rondar entre 800,000 pesos y un millón de pesos, dado que el valor se eleva cuando el predio ya cuenta con infraestructura de riego. Por esta razón, muchos productores prefieren iniciar con tierra rentada, ya que adquirirla representa un desembolso que difícilmente se recupera en los primeros ciclos.

Después viene la preparación del terreno, que incluye el subsoleo (un paso profundo de maquinaria que afloja la tierra y elimina piedras y terrones) y la formación de camas elevadas donde se sembrará la planta. Estas labores, aunque no son las más costosas por sí solas, son indispensables porque el arándano necesita un sustrato suelto y bien drenado para desarrollar su sistema de raíces. A esto se suma la aportación de composta o materia orgánica, que ayuda a acidificar y enriquecer el suelo, condición que este cultivo exige de forma particular.

El sistema de riego representa otro rubro significativo. La instalación de riego por goteo y el acolchado (una cubierta plástica que se coloca sobre la cama de siembra para conservar humedad y controlar malezas) implican una inversión que se realiza una sola vez, pero que debe mantenerse en buen estado durante toda la vida útil de la huerta. Sumado a esto está la compra de planta, uno de los gastos más variables del proyecto, ya que su precio cambia según exista o no algún tipo de apoyo o subsidio gubernamental para adquirirla. El costo de cultivar una hectárea de arándano puede ser de 672,800 pesos con subsidio para compra de planta, mientras que sin subsidio aumenta a 868,800 pesos. Estas cifras, aunque han cambiado con la inflación y las condiciones de cada región, ilustran cuánto pesa la compra de material vegetal dentro del presupuesto total.

Una vez que la plantación entra en producción, los costos no desaparecen, sino que se transforman en gastos recurrentes de mantenimiento. Aquí la mano de obra ocupa un lugar central, tanto para labores de poda y fertilización como, sobre todo, para la cosecha. En promedio, la mano de obra de cosecha puede costar 15 pesos por kilo, lo que equivale a 210 mil pesos en una hectárea con buen rendimiento. Este gasto varía según la disponibilidad de trabajadores y la abundancia de fruta en cada temporada, ya que cuando hay menos producto disponible, el costo por kilo suele subir. Debido a que la recolección se hace principalmente a mano para no dañar la fruta, este cultivo depende en gran medida de trabajadores capacitados, un tema que se explica con mayor detalle al revisar la intensidad de mano de obra que demanda esta actividad.

Otros gastos de mantenimiento incluyen la nutrición vegetal, el monitoreo sanitario para prevenir plagas y enfermedades, la energía eléctrica que alimenta el sistema de riego, y el mantenimiento general de la infraestructura instalada. Como se ha señalado en análisis de rentabilidad de otras regiones productoras, cada peso adicional destinado a mano de obra, energía, fertilización o empaque reduce el margen neto del productor, por lo que conviene modelar distintos escenarios financieros antes de comprometer capital.

Frente a estos costos elevados, también existen factores que favorecen la rentabilidad, como el pago directo en dólares que reciben muchos productores mexicanos al vender a mercados de exportación, lo cual elimina intermediarios y mejora el ingreso neto. Comprender bien esta estructura de gastos permite identificar en qué eslabones de la cadena conviene invertir o innovar, un tema que se desarrolla con mayor profundidad al revisar las oportunidades de negocio que surgen ante las presiones actuales del mercado.


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